Kathleen Folbigg est? feliz y agradecida a los cient?ficos que hemos trabajado en el
Reem Senior Member

En primer lugar, enhorabuena. La liberaci?n de Kathleen es fruto, en una parte sustancial, de su esfuerzo durante a?os, ?c?mo ha recibido la noticia? ?c?mo se siente?Siento una alegr?a enorme por Kathleen Folbigg. Estoy muy contenta de saber que est?, por fin, fuera de la c?rcel. La revisi?n de su caso representa el triunfo de la ciencia, que ha corregido una injusticia que puede haber sido la m?s grande en la historia de Australia.?Ha podido hablar con ella? ?sabe c?mo se encuentra? ?c?mo ha vivido la noticia?Kathleen me ha llamado, junto a su amiga de toda la vida, Tracy Chapman, esta madrugada, a las tres de la ma?ana. Me he despertado con la grata noticia y con una conversaci?n muy emocionante, muy bonita. Ha sido una llamada preciosa que me ha cogido por sorpresa. Est? feliz y est? agradecida a los cient?ficos que hemos trabajado en este caso. La ciencia ha sido decisiva para lograr la revisi?n del caso.La liberaci?n de Kathleen es motivo de celebraci?n para la comunidad cient?fica. Personalmente, reconforta haber podido ayudar a Kathleen y haber contribuido a que, poco a poco, se hagan las reformas necesarias para que la ciencia sea mucho m?s tenida en cuenta en los tribunales. La ciencia cada vez es m?s compleja, la tecnolog?a que utilizamos es cada vez m?s sofisticada, y es importante que podamos asesorar a jueces y abogados sobre descubrimientos cient?ficos que pueden ser claves. El desenlace del caso Folbigg es un hito que va a marcar la historia de la justicia Es crucial que haya mecanismos independientes que permitan asesorar en los procesos judiciales. Existe la voluntad por parte de la justicia, pero es una cuesti?n compleja y hay que descubrir nuevas v?as que hagan posible tener m?s en consideraci?n las evidencias cient?ficas. En el caso de Kathleen Folbigg es llamativo que la propia Academia Australiana de Ciencias haya solicitado tener representaci?n legal en caso y haya ejercido un papel determinante en la supervisi?n del proceso, ayudando a elegir a los expertos.?C?mo se resarce a una mujer que pierde a sus cuatro hijos y que pasa 20 a?os en prisi?n acusada de haberlo matado? No hay manera humana de compensarla. Pero ella dice que lo que siempre ha querido es cambiar el epitafio de sus hijos, que se sepa que han muerto de manera natural, no asesinados, y que ella les quer?a much?simo. Eso era para ella lo m?s importante, y lo dem?s ir? viniendo. Ha perdido 20 a?os de su vida y es muy dif?cil recuperarse de eso. Tiene un trauma muy fuerte que habr? de ir superando poco a poco.Usted siempre defendi? que Kathleen pod?a ser inocente y que no exist?an pruebas concluyentes para llevarla a la c?rcel.S?. Incluso antes de llevar a cabo nuestra investigaci?n y encontrar la mutaci?n gentica, sab?amos que los ni?os hab?an estado enfermos. Era cre?ble que sus muertes pod?an responder a causas naturales. Pero, efectivamente, el descubrimiento gentico de la causa de la enfermedad me reafirm? de forma muy definitiva en la inocencia de Kathleen.Usted entra en escena en 2018 con esa investigaci?n gentica, ?c?mo llega el caso a su mesa de trabajo?En 2018, David Wallace, un joven abogado que hab?a hecho un curso de inmunolog?a de posgrado en mi departamento, ve en televisi?n un reportaje sobre este caso, me llama y me pregunta si existe ya la tecnolog?a para realizar una investigaci?n gentica. Le dije que s?, que la tecnolog?a hab?a avanzado mucho en quince a?os y que en mi laboratorio ya est?bamos secuenciando genomas humanos enteros. ?En qu consisti? el estudio gentico que desarrollaron? ?a qu conclusi?n lleg??Encontramos una mutaci?n tanto en Kathleen como en sus dos hijas que explica la muerte de las ni?as. Ocurre en una prote?na que se llama calmodulina. Logramos demostrar, junto a un grupo de expertos de cuatro pa?ses, que esta mutaci?n causa arritmia cardiaca severa comparable a otras mutaciones en calmodulina que han causado muerte s?bita inesperada en ni?os. La calmodulina es una prote?na que regula el ritmo del latido cardiaco, regula la entrada y la salida del calcio de las clulas, y la concentraci?n de calcio es cr?tica para regular el latido cardiaco.Gracias a estos estudios se ha clasificado como patognica, lo que significa en trminos genticos que tiene un 90%-99% de probabilidad de ser la causa de la muerte s?bita de las ni?as. Es decir, no fueron asesinadas, sino que murieron por una arritmia cardiaca.El estudio gentico la reafirma en la inocencia de Kathleen y se vuelca, a partir de ese momento, en darlo a conocer en la comunidad cient?fica para lograr su apoyo y conseguir que hubiese una segunda revisi?n del caso en los tribunales, ?qu ayudas y obst?culos ha encontrado por el camino?Casi todo han sido ayudas. Contact con expertos internacionales en calmodulina, que son los que luego han analizado las investigaciones, y se volcaron. Se interesaron desde el primer momento poniendo muchas ganas y mucho rigor.La Academia Australiana de Ciencias ha apoyado tambin de forma decisiva y, la verdad, es que la justicia se ha tomado muy en serio esta segunda revisi?n del caso. El juez, los asistentes del juez y los abogados se han empleado a fondo y dedicado horas, d?as y semanas para entender la aportaci?n de la ciencia. Han desarrollado un an?lisis a fondo de las cuestiones genticas vinculadas a la causa mdica de la muerte de los cuatro ni?os. Su trabajo ha sido encomiable.?Y c?mo han reaccionado los ciudadanos? En 2003 hubo un juicio r?pido que llev? a Kathleen a la c?rcel y se convirti? entonces en el gran demonio para la opini?n p?blica australiana.Tristemente los medios de comunicaci?n la pintaron as? y se crey? que era la peor asesina en serie en la historia de Australia. Todo el mundo la demoniz?, salvo un grupo de amigas que siempre han defendido su inocencia. Pero gracias a esta segunda revisi?n, los medios han cambiado su percepci?n y, en los ?ltimos meses, ha ido saliendo a la luz todo lo que sabemos. La opini?n p?blica es hoy otra respecto al caso. La mayor?a de los australianos se ha dado cuenta de que todo ha sido un gran error de la justicia.



Una cient?fica espa?ola de prestigio internacional

Nacida en C?diz hace 53 a?os, pas? parte de su infancia en Estados Unidos y Blgica. De vuelta a Espa?a, estudi? medicina en la Universidad Aut?noma de Madrid. Era una joven idealista que admiraba el trabajo que algunos de sus amigos realizaban en ?frica para oenegs como Mdicos Sin Fronteras.

La justicia social y la solidaridad han sido siempre una constante inquietud en la vida de Carola. Durante la carrera se march? a Calcuta, en India, y estuvo trabajando con la Madre Teresa en los barrios m?s desfavorecidos y, m?s tarde, de la mano de un mdico que ten?a una cl?nica a orillas del Ganges, limpiaba las heridas a pacientes con lepra.

En ?frica hab?a entonces mucha muerte infantil por meningitis y malaria, infecciones para las que no hab?a vacuna. Sensibilizada por esta necesidad, se march? luego a la Universidad de Birmingham donde profundiz? en la investigaci?n de la inmunidad a la meningitis y se doctor?.

Despus, en 2001, una beca la llev? a la Escuela de Investigaci?n Mdica John Curtin de la Universidad Nacional de Australia, cuyo departamento de Inmunolog?a dirigi? durante ocho a?os. En ese pa?s, donde ech? ra?ces y dio cauce a su pasi?n por la investigaci?n, se la considera una eminencia.

En 2005 descubri? un gen nuevo en ratones que conduc?a a una enfermedad autoinmune. Para bautizarlos se inspir? en sus ra?ces andaluzas: Al rat?n que me ayud? a descubrirlo lo llame San Roque y al gen, Roquin, asegura sonriente.

Cofundadora y directora del Centro de Inmunolog?a Personalizada de Australia, Vinuesa fue una de las primeras personas en ese pa?s en utilizar la secuenciaci?n gen?mica para vincular enfermedades a variaciones genticas.

En Australia es una autoridad. En 2015 entr? en la Academia de Ciencias australiana y en 2020, en la de Salud y Medicina. Es tambin ganadora del Premio al Cient?fico del A?o del Ministro de Ciencia en Australia.

Tras m?s de 20 a?os en Australia, Carola Garc?a de Vinuesa ha regresado a Inglaterra donde actualmente trabaja para el Instituto Francis Crick, en Londres.






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